José Rafael De Simone, Pepito como todos lo llamaban, era un niño como cualquier otro, un alumno de la Escuela 1 del Consejo Escolar 4 Almirante Brown que había logrado tener un lindo grupo de amigos.
Sucedió que el 10 de
febrero de 1925 Pepito falleció de bronquitis a la edad de once años. Hubo diarios que publicaron crónicas
elogiando al niño y también fue editado un librito en su memoria. Aun más, sus
compañeros y maestros de la escuela colocaron una placa homenaje en su lugar de
descanso. Entonces, ¿fue Pepito un niño como cualquier otro? Parece que no…
Nacido en 1913 o 1914, era hijo del Dr Juan de Simone, uno de los fundadores del Rotary Club de la Boca y en algún momento presidente, consejero y profesor de la Universidad Popular de la Boca. La madre de Pepito se apellidaba Luongo. Sabemos que su abuela lo quería mucho y tenía un cariño especial hacia él.
PERSONALIDAD DE PEPITO
Era un niño de cabello
negro, de buen carácter, dado al
estudio, buena conducta y ejemplo de suavidad, sencillez y bondad. Estaba
siempre alegre. Todo lo perdonaba y olvidaba sin rencores. Afectuoso con amigos
y hermanos. Obediente a los padres. Generoso e inteligente, sencillo a pesar de
ser rico.
Era tenido como un
compañero sin igual, siempre con palabras de ternura y cálidas frases de
aliento.
También solía dar
regalos a sus amigos, incluso sus propios juguetes. Por todos era conocida su
bondad. Un condiscípulo suyo, Mosto, recordaba que Pepito solía invitarlo a dar
un paseo en su auto y si le pedía algún favor, Pepito se lo concedía sin
desagrado alguno. Era un chico que
recogía cariño y más cariño por su forma de ser, pura bondad y nobleza. Nunca
nadie tuvo la menor queja de él y al oírlo hablar creían oír a una persona
mayor por la sensatez de sus palabras. “que demostraban su inteligencia clara y
su buen sentido” (Fabarelo)
En la escuela era un
alumno modelo que sobresalía en el exacto cumplimiento de los deberes y por la
bondad hacia todos los compañeros y la obediencia a sus maestros. “Pepito de Simone
era bueno, muy bueno” dijo Enrique Orrizcay.
Leonardo
Lacoselli fue uno de sus amigos más cercanos. Jugaba diariamente en la casa de
Pepito.Pedro Bagiano fue otro de sus compañeros que recordaba los momentos compartidos
con Pepito y el recuerdo de sus bondades y cariños “no se borrará jamás de mi
memoria”
A Pepito todos lo
querían y contaba con la simparía de los demás, por bueno, cariñoso y
desinteresado. No está de más reiterar que “en la escuela se distinguía muchísimo
captándose el afecto de todos” según testimonio del niño Ramiro Fernández.
Sus amigos Edmundo J.
Sposito, Carlos F Ventura, N Matsrovich,
E Mosto, Francisco Multedo, Angel Frizone,
Romeo Fabiano, S. Sconamiglio, Roberto Messina, Arnaldo Cuschnir. E Kinach, Pedro Bagiano, Leonardo Lacoselli, Alberto
Boggiano, Ramiro Fernandez, Octavio Esturleci, Quelaraco, Leandro del Pierro y
Fabarelo dieron testimonios sobre la bondad de Pepito para el librito In
Memoriam
PEPITO Y LOS POBRES
Estaba en buena posición
económica pero jamás fue soberbio con los humildes. Cuantos más pobres más solicito
era ya que no hacía diferencias entre sus compañeros, era caritativo y humilde
con los pobres que solicitaban su ayuda. A sus compañeros más pobres les regalaba
los juguetes que sus padres le compraban con motivo de su cumpleaños, día de
Reyes u otras festividades. Siempre estaba pronto por socorrer al necesitado,
de ayudar con lo que tenía a su alcance y su padre lo secundaba en esta tarea.
De estas nobles actitudes hacia los humildes dieron cuenta N Matrovich, Pedro Bagiano,
Orestes Badioli, Enrique Orrizcay, Romeo Fabiano, Arnaldo Cuschnir, Ramiro
Fernandez
PEPITO Y SU ABUELA
Todos los testimonios coinciden
en que Pepito era muy querido por su abuelita. Carlos Ventura expresó que la
abuelita lo cuidaba como se cuidan las reliquias sagradas. Otro compañero,
Aloy, manifestó que era para ella el compañero inseparable, luego de fallecido
no dejaba pasar día sin llevarle flores y lágrimas, “más lágrimas que flores”.
Romeo Fabiano ratificó que era el preferido de su abuelita. Otro niño, de
apellido Sconamiglio, testificó que era el compañero fiel de su abuela y la
acompañaba a todas partes. “Ella lo mimaba como si hubiese adivinado que pronto
lo perdería” La abuela lo quería con toda el alma según Alberto Boggiano. Otro
amiguito, Octavio Esturleci expresó que la partida de Pepito había dejado a la
abuela “desesperada, él era su amigo y su compañero cariñosísimo”- Era el nieto
predilecto de la abuela “por sus bondades y por el cariño que le demostraba en
todo momento” dijo Leandro del Pierro
LA PLACA
El fallecimiento inesperado de
Pepito produjo un fuerte impacto en sus maestros y compañeros. “Dicen que
parecía un hombrecito, sin miedo y con esperanza de mejorar” manifestó su
condiscípulo Mosto. Su maestro también había ido a visitarlo y pensaban en su casi mejoría. Otro chico, de
apellido Schiaffino también lo había ido a visitar (Pepito padecía bronquitis)
y como lo vio mejor se retiró muy satisfecho. Apenas le avisaron que había
fallecido fue a casa de Pepito “allí estaba como dormido, su semblante sereno y
noble. Como su hermosa alma que ya volara al cielo”. Pepito como ya se dijo falleció el 10 de
febrero de 1925.
Los diarios que se hicieron eco
de su fallecimiento fueron La Patria degli Italiani, Giornale di Italia, El
Censor, El progreso y El Nacional.
Muchos compañeros de escuela,
como Gumersindo Paz, se acercaron a la
capilla ardiente, cubierta de flores blancas y levantada en la casa de Pepito.
Un grupo de alumnos depositó una corona de flores. Silensi dijo que se enteró
por los diarios y fue también a la casa,
saludó a los padres y se acercó a sus compañeros. Roberto Messina manifestó que
casi se desmayó de la desesperación. El maestro (¿Justo German López?) trató de
confortar a todos los chicos y les dijo que nunca olvidaran al compañero y que
para ello debían procurar ser buenos como él había sido y así lo prometieron
los niños.
A su despedida en el cementerio
de la Recoleta concurrieron su familia, compañeros de colegio, directivos y maestros.
Pepito fue llevado a la bóveda de Rafael Luongo (¿abuelo materno del niño?)
En el cementerio se pronunciaron discursos. A
iniciativa del maestro decidieron colocar una placa en recuerdo del querido
compañero. La voluntad de poner una placa se reitera en muchos testimonios
dados por los condiscípulos de Pepito. Dicha placa de bronce rememorativa fue costeada por suscripción entre todos los
alumnos.
La placa se colocó en la bóveda
el 20 de junio de 1926. Estuvieron presentes: su familia, directivos de la
escuela, delegaciones de todos los grados de la escuela con sus respectivos
maestros, un piquete del cuerpo de Bomberos Voluntarios de la Boca en
representación del cuerpo activo, Comisión Directiva de dicha sociedad,
Asociación Cooperadora de la Escuela Almirante Brown, Asociación Cooperadora
Mariano Moreno.
Hizo uso de la palabra en primer
lugar el alumno Arístides Carlos Montero, dijo el chico:
“Señores, niños:
La Escuela Almirante Brown cumple
con un deber concurriendo a este homenaje con la delegación de maestros y
alumnos.
Nosotros, niños, que fuimos
compañeros de Pepito (como cariñosamente lo llamábamos), no olvidamos su
exquisita sensibilidad que siempre permitía hallarle ayudando a los más débiles
de sus compañeros, a los más humildes, a los que podía ayudar en cualquier
forma, sin ostentación, sin alarde, sin previa promesa de recompensa.
Pepito de Simone, tuvo la virtud
de hacerse querer de cuantos lo conocían.
¡Qué la paz del sepulcro en que
yace nuestro pequeño amigo y compañero, no la turbe nadie! ¡Que sólo la
siempreviva simbólica y ese humilde bronce recuerden al que pasa, como los
niños también comprenden el dolor!
Niños:
Recordad con esmero la flor der
la amistad y el amor a vuestros padres”
Luego dio un emotivo discurso el
docente de 5º grado Justo Germán López (grado al que pertenecía Pepito) y el
Vicedirector Arístides J. Montero (tal vez padre o tío del niño que hizo uso de
la palabra) tras dirigir también unas palabras, clausuró el acto. Cubrieron la bóveda con
flores.
La placa aún puede verse y dice
lo siguiente:
LA ESCUELA ALTE BROWN
TRIBUTA ESTE HOMENAJE A LA
MEMORIA DE PEPITO DESIMONE QUE FUE
ALUMNO DISTINGUIDO Y CARIÑOSO COMPAÑERO
10-2-1925
En la bóveda hay otras placas
dedicadas a Pepito y dicen:
LOS NIÑOS DE LA BOCA INSTITUCION
SALESIANA A SU AMIGO PEPITO JOSE RAFAEL DE SIMONE 10-II-1925
JOSE R DE SIMONE
LOS BOMBEROS VOLUNTARIOS DE LA
BOCA EN SU PRIMER ANIVERSARIO 10-2-1926
El padre de Pepito, Dr Juan de
Simone, había nacido el 29 de noviembre de 1883, falleció el 8 de octubre de
1954. Otras personas que podrían tener vinculación con su familia son el Dr Pedro Franconi (19 de
julio de 1879-25 de julio de 1941) y Romualdo Benincasa (falleció el 17 de
julio de 1952)
Guada Aballe
FUENTES CONSULTADAS
A José Rafael De Simone-In
Memorian, donde fueron recogidos testimonios de sus compañeros de escuela,
notas periodísticas y acto de colocación de la placa, fuente principal de este artículo,
editado en 1926.
Un agradecimiento especial a
Susana Gesualdi por los datos aportados para la localización de la bóveda y
datos relacionados con Pepito de Simone























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